viernes, 2 de enero de 2009

2007-08-23 -exp159113- ANEXO Homenaje a Salvador Allende

Santiago de Chile
11 de septiembre de 1973

9:10 A.M. Radio Magallanes

Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes.
La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Postales y Radio
Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción Que sean ellas el
castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: soldados
de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha
autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general
rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que
también se ha autodenominado Director General de carabineros. Ante estos
hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado
en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que
tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna
de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la
fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el
crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.
Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron,
la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes
anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y
la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda
dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el
imperialismo, unidos a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas
rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el
comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus
casas esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo
sus granjerías y sus privilegios.
Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que
creyó en nosotros, a la abuela que trabajó más, a la madre que supo de nuestra
preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los
profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada
por los colegios profesionales, colegios de clases para defender también las
ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos.
Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su
espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al
intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el
fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas,
volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los
gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder.
Estaban comprometidos. La historia los juzgará.
Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya
no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a
ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con
la Patria.
El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse
arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.
Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros
hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse.
Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se
abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir
una sociedad mejor.
¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!
Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será
en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que
castigará la felonía, la cobardía y la traición.

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